lunes, 14 de septiembre de 2015

ENVEJECER ES LA POESÍA DEL VIVIR

Autor: Jorge Hessen

Conforme envejecemos, el cerebro se reorganiza y pasa a actuar y pensar de manera diferente. Esa restructuración nos torna más inteligentes, calmados y felices. “Para el ignorante, la vejez es el invierno; para el sabio, es la estación de cosecha, dice el Tamulde.

Tornarse viejo es proceso natural que puede ser atrayente o desfavorable. Sentimos constreñimiento al percibir la capacidad física disminuyendo, no en tanto la capacidad intelectual puede aumentar, así como la experiencia de vida.

En la vejez puede ocurrir relativa pérdida de la memoria, más el aprendizaje y raciocinio social mejoran, o sea, en la vejez hay más capacidad de navegar a través de las complejidades de la vida en la sociedad. Cuando la libido, por ejemplo, se va desvaneciendo el encanto de vivir se va alargando, no obstante la salud física pasa a generar quejas en aquellos que no supieron o no se prepararon para envejecer.

Los especialistas están percibiendo que la actitud mental tiene un papel importante en la decrepitud. Por eso, hay personas que dicen sentirse más jóvenes de lo que realmente son. La perspectiva juvenil la torna más activa y más longeva. ¿Entretanto, porque existen personas desanimadas a los veinte años, cuando otros se sienten activos a los ochenta? ¿En qué tiempo se debe colocar el límite entre mocedad y la vejez? Feliz el viejo que vivió la vida bien vivida y vive ahora el esplendor de la vejez con el espíritu joven, lleno de vida.

Si vivimos en la disciplina del trabajo, con la gimnástica en la academia del pensamiento digno, mantendremos siempre saludables los músculos de la juventud espiritual, la que se construye, por la fuente inexorable de la renovación, perfeccionando el presente y edificando el mañana.

No podemos execrar la vejez, cuando vemos que el tiempo nos trae la riqueza de la experiencia. No hay límite preciso entre juventud y vejez, cuando conseguimos dominar el cuerpo físico y conservarlo viril a través de los años. Siendo así, no envejecemos. Por el contrario, el tiempo lo mejora y agudiza, dándonos la juventud que se repite, cada vez más hermosa y segura en cada nueva encarnación.

Es completamente incoherente considerar la vejez como algo horrible, mortificante, degradantes. Ahora, ¿por qué evaluamos el transcurso del tiempo de decadencia y no cambiamos? Recordemos que Jesús solo se entregó a su misión en la edad madura, y Kardec solo inicio la codificación del espiritismo a los 50 años de edad. Chico Xavier no se entregó a la vejez y aun mismo cuando fue transportado en los hombros amigos sirvió a todos los necesitados que por el buscaron consuelo hasta el final de sus días aquí en la Tierra.

Traducido por: Mercedes Cruz Reyes
Madrid/España


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