miércoles, 5 de junio de 2013

EINSTEIN, FREUD y KARDEC



Estimado profesor Freud: ¿Existe alguna forma de librar a la humanidad de la amenaza de la guerra?.

Así está escrito el encabezado de la carta dirigida al reconocido Médico de Almas y Padre del Psico­análisis.

La correspondencia la firmaba el famoso físico alemán Albert Einstein, con fecha 30 de julio de1932; en vísperas de la invasión nazista a Austria. Presenta la cuestión a invitación de la “Liga de las Naciones (precursora de la ONU) y de su Instituto Internacional para la Cooperación Intelectual, localizado en Paris. Además de aquella, otras dos preguntas componen la histórica misiva: “¿Cómo los mecanismos de poder consiguen despertar en los hombres un extremo entusiasmo, al punto de sacrificar sus vidas?” y “¿Es posible controlar la mente del hombre para tornarlo a prueba de las psicosis, del odio y de la destrucción?”.

Einstein nació en la ciudad de Ulm, Alemania, el 14 de marzo de 1879. A partir de 1912-1914, comienza a realizar sus famosos estudios en torno de la Teoría de la Relatividad General, publicándola en 1916. Recibe el Premio Nobel de Física en 1922, desencarnando el 18 de abril de 1955, a los 76 años.

Sigmund Freud; Nació en Morávia el 6 de mayo de 1856, en la ciudad de Freiberg, actual Pibor, en la República Checa. Ingresa en el curso de Medicina, de la Universidad de Viena en 1873, lo concluye en 1881. A partir de 1885 realiza una pasantía con el gran médico francés Jean Martín Charcot (1825- 1893), en el hospital Salpêtriére, en Paris. Desencarna en Londres el 23 de septiembre de 1939.

La esencia del pensamiento de Einstein al formular al creador del Psicoanálisis sus instigadoras pregunt­as, demuestra la preocupación del gran físico, con la constante amenaza de una nueva guerra.

Él, un día declaró “No sé cuáles serán las armas de la Tercera Guerra Mundial, pero, la Cuarta Guerra Mundial será combatida con palos y piedras”. Resal­tando para el Dr. Freud, que, con el progreso de la Ciencia en nuestros días, “ese tema adquirió signi­ficado de asunto de vida o muerte para la civilización” y de que “todas las tentativas de solucionarlo, termi­naron en lamentable fracaso”.

Al justificar su apelación al famoso Psicoanalista, en nombre de las entidades de carácter social y científico, el genio de la Matemática declara que “el objetivo ha­bitual de su pensamiento, no le permite una compren­sión interna de las oscuras regiones de la voluntad y del sentimiento humano”, y sitúa su expectativa en que Freud “proporcione la resolución del problema mediante el auxilio de su profundo conocimiento de la vida instintiva del hombre”.

La segunda cuestión, deriva de la primera, Einstein enfatiza su diagnóstico científico de que “El hombre encierra dentro de sí un deseo de Odio y destrucción y que ese estado pasional, puede potencializarse en una psicosis colectiva, que sólo un especialista (como el caso de Freud), en la ciencia de los instintos humanos, puede resolver”.

Finalmente en la última cuestión formulada en a­quellos idos 1932, por el creador de la Teoría General de la relatividad y que un día declaró que “apenas dos cosas son infinitas: El Universo y la estupidez huma­na, pero no estoy seguro con respecto al primero.”- él argumentaba que tenía conciencia del interés de las clases dominantes, las cuales “no tenían límite en las ansias de poder político” y que “consideraban a la guerra como una forma de expandir sus intereses personales”. Einstein tenía exacta noción de que aparte de las guerras entre naciones está “la exis­tencia de conflictos por intolerancia, religión o perse­cuciones a minorías raciales”.

En septiembre de 1932 Sigmund Freud res­ponde al “Estimado profesor Einstein”, declarando haber sido tomado por sorpresa ante las indagación de “¿Qué puede ser hecho para proteger a la huma­nidad de la maldición de la guerra?”. Enfati­zando que en principio entendió, que el asunto sería del dominio de los estadistas. Intuyó luego que Eins­tein cuestio­naba, no como científico, y sí como filán­tropo, para que su respuesta fuera encarada a partir del Psico­análisis; la guerra sería consecuencia de los impulsos de odio y del deseo de destrucción y que la sociedad vive en constante transformación de la violencia. Según Freud, en muchos individuos exis­te la agresi­vidad y crueldad, conforme el ilustre Psi­coanalista podía deducir, al oír los relatos dramáticos, resultantes de trastornos de personalidad.

El pensamiento freudiano enseña que los seres hu­manos son incitados a la guerra por diferentes moti­vos, entre ellos el deseo de agresión y destrucción, y que la satisfacción de esos impulsos destructivos, sería posibilitada por la mezcla con otros motivos de naturaleza emotiva e idealista. Freud enfatiza que si eldeseo de optar por la guerra, es un efecto del instinto destructivo, la solución sería contraponerle el “Yo” antagonista bien poderoso: Eros, el instinto del amor.

En ese punto por lo tanto, el Psicoanálisis habla de amor y Freud recuerda el Nuevo Testamento: Ama a tu prójimo como a ti mismo y que en ese momento “los hombres comparten sus intereses y producen comunicación de sentimientos.”

El autor de “El malestar en la Civilización” (1930), proponía que era necesario un cuidado con la educa­ción de los hombres de mentalidad independiente, que no debía estar basada en la coacción o intimida­ción, aunque para él ese ideal educacional fuese una utopía.

En el año en que Sigmund Freud cumplía 13 años de edad, Allan Kardec desencarnaba en Paris, el 31 de marzo de 1869. Einstein nacería solamente 10 años después, y cuando tenía 50 años (1932), escri­bió su famosa carta, que muy bien podría haber sido sometida a la apreciación del pensamiento doctrinario del Espiritismo, constante de sus obras básicas, resultado del esfuerzo personal de Allan Kardec y de su equipo de médiums, de colaboradores directos y de la acción colectiva, organizada, con dinámica uni­versal de enseñanza, promovida por los Espíritus que se movilizaron en nombre de Dios y de Jesús, para corroborar la venida del Consolador a la Tierra.

Imaginemos: ¿Qué respuesta daría Allan Kardec, en caso de ser posible, a los cuestionamientos de Einstein?. El Codificador, ciertamente se dirigiría al Capítulo VI - De la Ley de Destrucción, que se encuentra en la tercera parte del Libro de los Espíritus, publicado el 18 de abril de 1857. Creemos con certeza que sería a partir de la pregunta 742, cuando los Espíritus preguntados ¿Cuál es la causa que lleva al hombre a la guerra? Responden que es el “Predomi­nio de la naturaleza animal, sobre la naturaleza espiritual y la satisfacción de la pasiones” y que, “A medida que el hombre progresa, la guerra se vuelve menos frecu­ente, porque él evita sus causas y cuando la juzga necesaria, sabe adicionarle humanidad.”

Reforzaría esas lúcidas y racionales enseñanzas, informando que el hombre no tiene dos almas, una buena y otra mala, y que los buenos o malos instintos serían por la influencia de una u otra, la dupla que tiene el hombre, es sólo por su naturaleza. Existe en él la naturaleza animal y la naturaleza espiritual, tal como lo consignado en la pregunta 605.

Comentaría en consonancia con la pregunta 743, del Libro Básico de la Doctrina Espirita, que la guerra desaparecerá de la faz de la Tierra, el día en que los hombres comprendan la justicia y practiquen la Ley de Dios y que en esa época, todos los hombres serán hermanos.

Aclararía también respecto del Libre Albedrío, tal como está explicado en la pregunta 843, en la cual los Espíritus destacan que el hombre tiene la libertad de pensar y actuar, y que sería una máquina si no poseyera la libertad de escoger de acuerdo a su propio discernimiento”.

Presentaría además sus estudios en torno a la educación moral, aquella que consiste en el arte de formar caracteres, que puede ser definida como:”El conjunto de los hábitos adquiridos”, afirmando que “sólo la educación, podrá reformar a los hombres”, enseñanzas estas constantes en las preguntas 685a y 796 del Libro de los Espíritus.

Finalmente, podría cerrar su respuesta a Einstein informándole que “el hombre es casi siempre artífice de su propia infelicidad” pero que “practicando la Ley de Dios se puede ahorrar muchos males, alcanzando la felicidad tan grande como sea posible en su existencia grosera.” Conforme a las informaciones de los Espíritus explicadas en la pregunta 921 del referido libro.

En un futuro próximo, muchas indagaciones acerca de los enigmas de la vida y del comportamiento huma­no, que preocupan a científicos, religiosos, pensado­res agnósticos y de visión reducida del hombre, serán examinadas a la luz del Espiritismo, obteniéndose entonces la claridad necesaria para su interpretación y solución.

Adilton Pugliese
e-mail: santospugliese@hotmail.com

Revista Internacional de Espiritismo/Brasil Enero 2010.

viernes, 17 de mayo de 2013

LA IDENTIDAD DEL ESPIRITISMO EN EL SIGLO XXI


Por Jaci Regis

Allan Kardec elaboró el Espiritismo dentro de la cultura Cristiana. Le dio forma a la Doctrina dentro de tres parámetros, compatibles con el modelo Cristiano.

  1. El mundo es de pruebas y expiaciones
  2. Los habitantes son espíritus imperfectos que expían sus faltas en el proceso de las vidas  sucesivas.
  3. Dios se manifestó en tres grandes momentos para la salvación moral de la humanidad: en los 10 Mandamientos de Moisés, en la palabra que Jesús Cristo y finalmente en la manifestación de los Espíritus.

Son las tres revelaciones de la Ley de Dios. Dentro de esos parámetros, aceptó que Jesús Cristo trajo la verdad posible y que El Espiritismo completaría la verdad actual.

La trayectoria de Kardec es sinuosa. Quería que El Espiritismo fuese una ciencia, pero creó una Religión, sin querer que fuese Religión. En verdad, actuó como un equilibrista entre la razón y la fe.

Es más, aceptó que el motivo central del Espiritismo era restaurar el Cristianismo e implantar en el mundo El reino de Dios, utopia evangélica que está en la base de las aspiraciones místicas e irreales de la humanidad occidental Cristiana. Eso lo llevó a la afirmación del Espiritismo como el Consolador Prometido, significando tácitamente la certeza de que Jesús Cristo era la verdad y toda la verdad había sido vertida por su boca. Ese consolador simbolizaría la venida del Señor al mundo, completaría todas las verdades y se quedaría con nosotros para siempre. Era la expresión de la ilusión de que en breve y por obra divina habría modificaciones espectaculares en la Tierra.
Surgiría un reino de paz, de alegría y de fraternidad.

Era la implantación del reino de Dios en el Mundo. ¿Qué Mundo?

Sin ningún demérito para las lecciones inigualables del Nazareno, estamos en un tiempo en que la exclusividad y la verdad absoluta no tienen lugar. En El Evangelio Según El Espiritismo, Kardec afirmó que el Espiritismo no venía a destruir la Ley Cristiana, como el Cristo no había destruido la Ley Mosaica. Esa secuencia teológica provenía del sentimiento de una intervención directa de Dios para encaminar las soluciones y llevar a un desarrollo moral de las civilizaciones. El Cielo comandando la Tierra. Jesús Cristo, El Rey, gobernando el mundo.

Pero el tiempo de la Era Cristiana, en su aspecto institucional, político y religioso estaba finalizando.
Desarrollar la Idea Espírita dentro del caldo de cultivo Cristiano fue una paradoja, porque el Espiritismo en su estructura básica es la negación del Cristianismo. Consecuentemente quedó el Espiritismo prisionero de la promesa de la venida del Reino.

Kardec, mientras tanto, elaboró su pensamiento intentando encontrar justificaciones y argumentos para las afirmaciones teológicas de los profetas y los Mesías. Sería disminuir su genio reducir su obra a ese análisis simple. Porque su obra es capaz de superar las trabas contextuales y proyectarse al futuro, porque tubo la sabiduría de abrir el camino para el progreso, para la renovación. De tal forma que el Espiritismo sería capaz de reciclarse aceptando las nuevas ideas y de cambiar lo que fuese necesario para no inmovilizarse, lo que sería –dice– el suicidio de la doctrina.

Es basado en esa extraordinaria apertura para la evolución y el progreso de las ideas que creo que es válido proponer una definición dinámica para el Espiritismo en los días actuales.

La definición de Espiritismo

El Siglo XXI despunta como una incógnita bajo el liderazgo incontestable de las ciencias duras, coadyuvadas por las ciencias humanas. ¿Cómo definir, comprender y proyectar el Espiritismo en este Siglo XXI? En este siglo, el Espiritismo tendrá, al menos, dos expresiones.
  1. El Espiritismo Cristiano         
    (Con dos versiones)
  • La Religión Espírita –– Actualmente, de modo general y mayoritariamente el Espiritismo es una Religión Cristiana, cuyos programas y su entendimiento se remiten a los textos evangélicos y a los enunciados del siglo XIX, repitiendo las palabras de Allan Kardec, sin entender el contexto en que fueron dichas. Los Espíritas Cristianos son básicamente católicos mediúmnicos.
  • Espiritismo laico Cristiano ––Se sustituye el triple aspecto de Ciencia, Filosofía y Religión por Ciencia, Filosofía y Moral, o sea la moral Cristiana. Ninguno de los dos movimientos hacen Ciencia ni filosofan.
     2. Espiritismo pos-cristiano
  • La única salida para que El Espiritismo alcance su originalidad y ofrezca una contribución genuina a la Sociedad es purgarlo del enfoque teológico de la Iglesia. Esto sería un Espiritismo pos-cristiano. Este Espiritismo pos-cristiano no solamente abandonará la retórica y la teología católica, también se organizará sugestivamente como ciencia humana.
La Ciencia del Alma

Como consecuencia, el Espiritismo pos-cristiano se estructurará como la Ciencia del Alma, a la manera de una ciencia humana, específica y sui géneris. Como Ciencia del Alma, el Espiritismo abandona la ilusión de ser una revelación divina para compararse de forma muy especial, con el esfuerzo de las ciencias humanas que surgieron para entender al ser humano, sus limitaciones, problemas y futuro, fuera de los límites de las ciencias duras. Esto es, una ciencia humana cuyo objeto es explicar al ser humano como un alma, su estructura, su actuación y su evolución. De esta forma puede desarrollar un espíritu crítico y explorar la realidad esencial del ser humano dentro de la ley natural, de la naturalidad de los procesos evolutivos a través de la encarnación como un alma atemporal, inmortal y en crecimiento, sea en el campo íntimo o en el campo social.

Como Ciencia del Alma, el Espiritismo abandona su pretensión autárquica de abarcar todos los problemas de la humanidad, pero se apoya en los esfuerzos de las demás ciencias humanas que componen el rango de las realidades y el comportamiento de las personas.

El objetivo mayor será introducir en la cultura el sentido serio, básicamente defendible frente a los postulados puros del Espiritismo. Tendrá que disponer de recursos y medios para probar, sin sofismas, la inmortalidad. Lo que implicará la renovación del ejercicio y los objetivos de la mediumnidad, superando la fase meramente moralista y religiosa en que se sitúa actualmente.
Solo la prueba de la inmortalidad será la base de la renovación social, humana y del pensamiento humano y sustentará las tesis de la reencarnación y de la evolución del Espíritu. En una estructura compatible con la evolución del conocimiento humano. 

Como Ciencia del Alma, introducirá la noción de espiritualidad como una búsqueda natural, imprescindible para el equilibrio personal y social, proponiendo positivamente el desenvolvimiento ético en la sociedad de cambios que vivimos. O sea, la Ciencia del Alma intentará por todos los medios ofrecer un tipo de comprensión del ser humano que siempre fue el objeto del Espiritismo, de forma actualizada, dentro de un aspecto que integrará el rigor científico y la expresión de la sensibilidad y del sentimiento en el análisis de la realidad del alma humana.

Muchos pueden cuestionar un Espiritismo pos-cristiano, la estructuración de la Ciencia del Alma puede ser kardecista, dada la crítica y la reelaboración que se hace necesaria del trabajo de Allan Kardec, conforme hemos probado. Será kardecista en la medida en que se apoyará en los lineamientos básicos, puros, del pensamiento doctrinario, despreciando los accesorios de las interpretaciones y extensiones contextualizadas en el inicio merced al tiempo transcurrido.

El carácter de la Ciencia del Alma, como cualquier ciencia humana será esencialmente progresista, jamás inmobilizándose en el presente, apoyada solamente en lo que esté probado. Asimilará las ideas reconocidamente justas, de cualquier orden que sea, físicas o metafísicas, puesto que no quiere ser jamás superada, se constituirá eso mismo en una de las principales garantías de credibilidad.

miércoles, 9 de enero de 2013

ESPIRITISMO Y LA SOCIEDAD SUSTENTABLE


Autor: Carlos A. Iglesia Bernardo

Max Weber en su libro “La Ética Protestante y el Espíritu del Capita­lismo” estudió la relación entre el pensamiento protestante y el desarrollo del Capitalismo en los países que lo adoptaron. La rígida ética del trabajo, de la vida sobria y de la acumulación de capital como una forma de realización en la Tierra de la gracia divina para con sus escogidos, fueron factores que contribuyeron decididamente a la economía capitalista.

De la misma forma, pero en bases filosóficas y religiosas diferentes, el Prof. Ricardo Mário Gonçalves propuso en su obra “La Ética Budista y el Espíritu Económico del Japón” que el pensamiento Budista fue uno de los factores que contribuyó en la transformación del Japón del siglo XIX. Algunos filósofos budistas enfatizaban la correcta observancia de los deberes cotidianos como un instrumento para la realización espiritual. A través de una vida de diligencia en el trabajo, alejamiento de los excesos y comprensión de la realidad que le rodea, el hombre podría alcanzar la iluminación que lo eximiría del ciclo interminable de existencias insatisfactorias. Tal espíritu venía de encuentro a las necesidades de la época de transformación que sacaron a Japón del atraso feudal y en pocas décadas lo transformaron en una potencia.

Colocado así que no es una idea extraña que las bases filosóficas y morales de una sociedad sean de importancia crucial para su desenvolvimiento en todas las dimensiones culturales, inclusive en el de la economía, no deja de ser natural que se piense que tipo de sociedad se construiría sobre el pensamiento espírita.

La Doctrina Espírita, como los maestros budistas estudiados por el Prof. Ricardo, da gran importancia al trabajo como instrumento de realización espiritual. A través del esfuerzo cotidiano, el espíritu se perfecciona y la correcta vivencia de las oportunidades profesionales lo hace avanzar intelectual y moralmente. De la misma forma, el Espiri­tismo valoriza una vida equilibrada, lejos de los excesos. El mundo material es transitorio, nuestro estado educativo aquí debe ser bien aprovechado y una vida equilibrada, alejada de los vicios y de los excesos de los placeres, permite que las oportunidades sean aprove­chadas al máximo. Diferentemente talvez del Protestantismo y más próximo del pensamiento budista, el Espiritismo no condena que el hombre tenga una vida alegre y placentera, apenas muestra que los excesos y abusos tienen serias consecuencias.

Como las doctrinas filosóficas orientales, el Espiritismo postula un ordenamiento moral del Universo que se expresa a través de la ley de Causa y Efecto. Todas nuestras acciones tienen repercusio-nes y la cualidad moral de ellas implica en el tipo de repercusión que tendrán. Una acción que trae el sufrimiento de otros seres trae en consecuencia infelicidad para aquel que la practicó y, de la misma forma, toda acción que libere del sufrimiento o disminuya el sufrimiento de otros seres trae felicidad para su agente. La conocida palabra “Karma” (más Dharma) significa justamente “acción” en sánscrito y trae embutido el concepto de que somos responsables por nuestras acciones al cose­char inevitablemente sus resultados.

De esta forma, antes de todo, el Espírita es un individuo consciente de que su situación presente es de su entera responsabilidad, resultante de todas sus acciones en el pasado, y que su futuro depende de como actúe ahora. Sea en su vida particular, sea en su actuación profesio­nal, sea en el ejercicio de algún cargo público o voluntario, él es conciente de que es responsable por lo que hace y que su currículo de vida es mucho más que la lista de los títulos y posiciones conseguidos. Su currículo espiritual, que lo acompañará a través de esta vida y de las próximas, le conferirá las credenciales para alcanzar nuevas etapas de crecimiento o quedar preso en la reparación de las acciones incorrectas que efectuó.

El Espírita sabe que retornará a este mundo en nuevas reencarna­ciones y la sociedad que encontrará será justamente aquella que contribuyó a formar en sus existencias pasadas. No hay, como en el Protestantismo, la visión de que nuestra salvación no depende de nuestros actos y que por selección divina seremos elegidos para la morada de los justos. Por lo contrario, tendremos que conquistar el derecho a esa morada, construyéndola poco a poco dentro de nosotros y alrededor de nosotros por nuestras acciones. También no es la fe lo que salva al espírita, por el contrario, en la visión espírita aquel que tiene fé en la Doctrina y no la vivencia está en situación peor que aquel que no la conoce. La calidad de las acciones está relacionada al conocimiento de lo que se está haciendo y aquel que actúa mal sabiendo que está haciendo el mal es peor que aquel que no sabe lo que hace.

Así el espírita tiende a adherirse a causas que mejoren al mundo. En las relaciones económicas valoriza la ética profesional y busca relacio­nes sustentables, en que todas las partes sean beneficia-das. En el ejercicio de los cargos públicos el espírita tiende a buscar la justicia social y al desarrollo de programas que traigan el progreso de la so­ciedad. Es un hijo del Iluminismo y acredita que la educación y el bienestar material están ligados, que la sociedad humana camina para estados más civilizados.

La sustentabilidad es una causa naturalmente apoyada por los espíri­tas, pues es una consecuencia natural de las leyes morales que men­cionamos. Sólo una acción consciente hacia el bien puede generar resultados satisfactorios duraderos y al pensar en relaciones económi­cas que preserven el medio ambiente, que busquen la satisfacción de todos los participantes de los procesos económicos, se está justamente dejando de lado el egoísmo y trabajando para el bien de todos.

Por tanto nada más lógico que concluir que una sociedad apoyada en el pensamiento espírita será una sociedad sustentable. Una sociedad en que sus actores sociales actúan de forma a maximizar los bene­ficios para todos a corto, medio y largo plazo. Al huir de los excesos esta sociedad sustentable permitirá un manejo más adecuado de los recursos naturales y un aprovechamiento más igualitario de los bienes producidos. Esta sociedad también huirá de los excesos de las ideologías, pues el espírita cree que la evolución del pensamiento es constante y no hay como evitar que el tiempo cambie los escenarios humanos, inclusive las verdades establecidas por el hombre para la estructuración de su vida intelectual. Toda forma de creencia sincera es respetable a los ojos del espírita y la investigación científica es el fundamento mismo de su fe racional. El debate, la búsqueda del consenso a través del intercambio fraterno de las ideas será el vehículo natural para que esta sociedad se sustente en el largo plazo sin los choques ideológicos y extremismo que muchas veces echan a perder los esfuerzos pacíficos de generaciones.

En fin, creemos firmemente que el Espiritismo tiene un papel impor­tante que desempeñar en el pensamiento humano y que su influencia será sentida a medida que más y más sus ideas sean difundidas en la sociedad. Sin duda alguna, la sociedad del futuro será plural, las religiones actuales, lejos de desaparecer, madurarán y se influenciarán mutuamente. Posiblemente los postulados espíritas, por su lógica in­terna, por su respaldo en la comprobación científica de los hechos que les dan sustentación, a los pocos encontrarán eco en otras corrientes religiosas y las varias divisiones del espiritualismo del futuro serán por causa de preferencias individuales en cuestiones de detalles, no en el antagonismo o en la disputa por la posesión exclusiva de la verdad. En este nuevo mundo, en esta nueva sociedad sustentable, el Espiritismo será una de las fuentes de inspiración para el hombre continuar mejorándose a sí mismo.

Bibliografía
•Andrade, Geziel. Capital y Trabajo a la Luz del Espiritismo. Capivari – SP: EME Editora, 1994.
•Cassirer, Ernst. The Philosophy of the Enlightenment. Traducido del alemán por Fritz C. A. Koelln y James P. Pettegrove. New Jersey (EUA): Princeton University Press, 1979.
•Gonçalves, Ricardo Mario. La Ética Budista y el Espíritu Económico del Japón. Prefacio de Heródoto Barbeiro. San Pablo: Elevación, 2007.
•Kardec, Allan. Obras Póstumas. Volumen XIX de las Obras Completas de Allan Kardec. San Pablo: EDICEL, 1973.
•Weber, Max. La Ética Protestante y el Espíritu del Capitalismo. 10.a Ed. Traducción de M. Irene de Q. F. Szmrecsányi y Tomás J. M. Szmrecsányi. San Pablo: Librería Pionera Editora, 1996.

sábado, 28 de julio de 2012

LA CUESTIÓN SOCIAL Y EL LIBRE ALBEDRÍO




En la actualidad los hechos nos demuestran que vivimos en una sociedad cuyos principios se basan en la libertad de mercado como organismo regulador de las relaciones económicas y sociales. Tal mercado determina las condiciones bajo las cuales se efectúan los trueques, regula las condiciones para la adquisición y venta de la mano de obra, para obtener mayor lucro, pues la energía y la capacidad humanas son transformadas en objetos, artículos. En la sociedad en que vivimos, quien posee capital puede comprar  trabajo y exigir que se trabaje para el mayor beneficio posible, relativo a la inversión de su capital. Quien posee la fuerza del trabajo, el trabajador, debe venderla a los capitalistas, mediante las condiciones del mercado, siempre envilecedoras, a menos que conjuntamente con su familia se muera de hambre.
La sociedad actual se refleja en una estructura económica de valores, donde el capital comanda el trabajo; donde las cosas acumuladas (riquezas) tienen valor superior al ser humano (que posee la fuerza de trabajo), y es aquello que está vivo, que tiene vida.

En el proceso de globalización de la economía, testimoniamos la creciente centralización y concentración del capital. Grandes conglomerados crecen continuamente, mientras que las pequeñas y medianas empresas van siendo expulsadas del mercado, por falta de competitividad, haciéndolas caer en la clandestinidad o en el mercado informal.

Un creciente número de personas deja de ser independiente para volverse dependientes de los que dirigen los grandes imperios económicos. El individuo pierde su individualidad, pasa a ser un número, un código, un tornillo a ser gastado, consumido por la máquina. Tal estructura económica, social y política, ha dado como resultado, seres humanos alienados de sí mismos, de sus semejantes y de la naturaleza, puesto que se transformaron en artículos, en objetos. Pasan a ver su fuerza de vida como una inversión que debe producir el lucro máximo, al capitalista, bajo las condiciones de mercado existentes.

Las relaciones humanas pasan a ser inseguras, ansiosas. Al mismo tiempo que todos intentan estar junto a los otros, todos se sienten solos, invadidos por el recelo de perder el trabajo, el empleo.
En este engranaje todo pasa a ser objeto de trueque y consumo; los valores materiales y los espirituales.
Podemos verificar entonces que el individuo no dispone de su libre albedrío, pues es libre solamente cuando y donde posea medios de superar y dominar sus motivaciones.

La sociedad estructurada bajo el concepto materialista, consumista, excluyendo inmensas parcelas de los seres humanos de la utilización de los bienes, hizo del hombre un ser inclinado a oprimir al propio semejante. La ciencia, producto de esa misma sociedad, lo hizo malo. La sociedad materialista no proporciona al hombre la comprensión de que  él es el artífice de su destino; de que tiene que esculpir la gran obra del espíritu en la ruda materia, a lo largo de la vida.

Por ser materialista, la sociedad transmite al hombre las concepciones materialistas, y el hombre olvida entonces al espíritu. Todo es materia. Por tanto: ¡Vivamos el aquí y ahora!

Afortunadamente un número considerable de criaturas, no piensa como la sociedad materialista. Formamos parte de esas criaturas, pues entendemos que el hombre es el único responsable de su propio destino. Para dar una amplitud mayor al concepto, podemos sustituir la palabra destino, que trae un sentido determinista y fatalista, por la palabra camino, con la finalidad de entender mejor no sólo la libre trayectoria humana, objetiva, existencial del hombre en cada encarnación, sino también su trayectoria en el proceso evolutivo interior, de su responsabilidad como Espíritu a lo largo de variadas vidas, constituyendo un aprendizaje acumulativo y progresivo, en razón de las leyes naturales de causa y efecto y de reencarnación.
No en tanto debemos entender que la selección del camino, no recae totalmente en cada uno, sino también en las influencias exteriores, las cuales como Espíritu que es, cede por su espontánea voluntad, teniendo en vista que el libre albedrío es decurrente del desenvolvimiento y de la voluntad del Espíritu.

Allan Kardec, en "El Libro de los Espíritus" en la cuestión 544, nos informa que "el hombre puede actuar sugestionado por influencias exteriores, no obstante, dado a su libre albedrío, él puede raciocinar para distinguir una idea cierta de una falsa, y obviamente deberá sufrir las consecuencias del comportamiento erróneo".

Tal procedimiento se aplica a todos los seres humanos, dirigentes y dirigidos, empresarios y empleados, capitalistas y proletarios, gobierno y gobernados.

Se ve la gran responsabilidad, delante de la ley de causalidad, que asumen todos aquellos, con raras excepciones, que detentan en sus manos el poder. Sea el poder político, el poder del capital, el poder de dirección, etc. Como el capital no posee ética y moral, la sociedad paulatinamente pasa a ser inética, inmoral y amoral. 

Tales depositarios del poder, en vez de colocar en alto los principios morales y éticos de la solidaridad y de luchar por ellos, colocan en alto sus intereses materialistas y sobre ellos forjan principios ficticios, falsos, los cuales acaban por alcanzar la masa humana que pasa igualmente a vivenciarlos, actuando por instinto en la lucha por la sobrevivencia. Muchos se equiparan a los brutos, a los animales.
Allan Kardec, en "El Libro de los Espíritus", preg. 595, enfoca:
"El comportamiento del hombre, que posee libre albedrío, en la mayoría de las veces puede ser comparado al comportamiento de los animales, que actúan por instinto, donde la libertad (de los animales) está limitada por sus necesidades".

En la sociedad el comportamiento del hombre, movido por el instinto, demuestra falta de progreso espiritual, no en tanto, con el progreso material él puede reconocer los factores negativos y erróneos de su conducta, puesto que todos poseen, en su conciencia una percepción de su origen como Espíritu, y de su finalidad en la tierra como encarnado. La gran mayoría de los hombres ya comprenden por intuición, el deber de la solidaridad recíproca, ya comprenden el mal que hacen, y solamente no actúan con solidaridad y hacen el mal para satisfacer sus pasiones, su egoísmo (obra citada, preg, 670). Esta comprensión adviene del progreso intelectual que propicia discernir el bien y el mal, lo cierto y lo errado. El libre albedrío se desenvuelve, seguido por el desenvolvimiento de la inteligencia, aumentando, así, la responsabilidad del hombre por su conducta, por sus actos (obra citada, preg. 780).

El mayor obstáculo al desenvolvimiento y progreso moral del hombre, son el orgullo y el egoísmo. El progreso intelectual que debería conducir el desenvolvimiento moral del hombre, ante aquellos obstáculos (orgullo y egoísmo) aumentan su intensidad, pasando a desenvolver la ambición, el amor y el poder por las riquezas.
Con el paso del tiempo, el ser olvida los nobles ideales y las creencias, colocando en la profundidad del alma la perfidia, la mentira. Pasan a despreciar al vencido, aunque sea un justo, un honesto, y a glorificar al vencedor, aunque sea un crápula, un deshonesto.

Una sociedad estructurada materialista como la nuestra, crea conceptos superficiales de negación de toda disciplina moral y ética. Oponiéndose al concepto de que el hombre es responsable, olvidándose de que él no vive aislado, sino en sociedad, que debe ser un organismo vivo donde cada miembro tiene un trabajo a cumplir. La vida no es reposo, sino esfuerzo de conquista.

La sociedad precisa recordar que por encima de los intereses materiales, está un interés mayor, urgente, que a todos incumbe: la solidaridad, el amor. Es importante recordar a los gobernantes y legisladores: en cualquier institución política, social, económica y jurídica, que el trabajo, la propiedad, la riqueza, la organización del Estado en sí y su funcionamiento, no son conceptos aislados, sino que son funciones de la ley, esto es, se entrelazan lógicamente.

Urge saber que el libre albedrío nos es concedido, por las leyes superiores de la Vida, porque es necesario que seamos libres y responsables y podamos de esa forma, en libertad y responsabilidad conquistar la felicidad.
¿Como nos es concedido el libre albedrío?

A medida que el Espíritu evoluciona, crece en conocimiento, se dilata el libre albedrío, forzándolo a liberarse de los procesos deterministas, que inconscientemente lo conducirán a la madurez. El proceso del libre albedrío surge paralelamente a la alborada, al desabrochar, de la conciencia. Su adquisición proporciona al ser conducir el proceso de su adelanto; unos se adelanta trabajando duramente en la creación de conquistas espirituales; otros se estacionan en la indolencia, prefiriendo el reposo al trabajo fatigante en favor de su progreso.
Hay quien progresa y hay quien se estaciona; quien acumula valores y quien los desperdicia. De ahí las escalas divergentes de valores morales, éticos, económicos, etc., que encontramos en nuestra sociedad y en el planeta.

Todos estamos en el camino, cada uno con sus conceptos y preconceptos; cada uno diferente dos demás; cada uno plantando libremente con sus pensamientos, actos y acciones la simiente de donde  brotará el inexorable destino.

Todos somos libres en la elección de las causas de nuestros procedimientos; mas no somos libres en la cosecha de los efectos y de las reacciones que nos son impuestas por la ley de causalidad.

Así como la facultad de escoger y de dominar crece, aumenta, con la capacidad y el merecimiento, también cada elección en el camino nos liberará o nos prenderá a los procesos regeneradores. De esa forma el libre albedrío no es un hecho constante y absoluto, sino un hecho progresivo y relativo, al desenvolvimiento espiritual que cada uno haya alcanzado. No obstante nuestra libertad, el proceso evolutivo trazado por las leyes superiores de la vida permanece inviolable, pues nuestra libertad es relativa y nuestras acciones nada pueden alterar a no ser en lo que respecta a cada uno de nosotros mismos.

La ley en el plano de la materia es determinista; en el plano del Espíritu es libertad; por la evolución se procesa, para el Espíritu el pasar del determinismo al libre albedrío.

Con la evolución del ser a lo largo de los milenios, se amplia la conciencia y consecuentemente las responsabilidades. Se instala en el ser una ética y una moral racionales, que trazan los grandes rumbos de la vida individual con poderosos reflejos en el campo social. Tal ética y moral no impone; no obliga. Ella es simplemente racional y se dirige a seres racionales. No invoca las iras de un dios vengativo; simplemente indica y muestra las reacciones naturales y inevitables de una ley íntima, que es inviolable, perfecta, justa. En esta ética y en esta moral está la clave de todos los dolores, de todos los sufrimientos, de todas las diferencias existentes.

En la inferioridad, en la indignidad, en la vileza, en la torpeza de la naturaleza humana generados por el orgullo y por el egoísmo, está la causa de todos los males, y en la ascensión espiritual todo el remedio para sanarlos.

Volvamos a la sociedad en que vivimos y su estructura económica típicamente hedonística.
La ciencia económica, materialista, parte de la premisa hedonística, que en la teoría socrática "del bien y de lo útil, de la prudencia..., produce, entendida por la índole voluptuosa de Arístipo, el hedonismo, o la filosofía, en cual toda la humana bienaventuranza se resuelve en el placer."

El hedonismo es la "doctrina que considera que el placer individual e inmediato es el único bien  posible, principio y fin de la vida moral".

Las bases reales del fenómeno económico, están en la aplicación de la naturaleza egoísta del capital en el campo de los negocios; que el mercado no es un equilibrio de derechos, sino una medición de fuerzas para un estrangulamiento recíproco; donde el hombre es una fiera invernada de civilización; donde la ciencia (económica) que él estudia es la codificación del egoísmo, esto es, del instinto más disgregador del conjunto social.
El principio hedonístico es un principio anti-solidario, de disgregación que la sociedad económica trae en sí como un insanable vicio de origen y que reaparece en momentos de crisis, como la que pasamos en la actualidad. Egoísmo del capital, del trabajo, del productor, del consumidor, egoísmo individual, de clase, de nación (régimen proteccionista) etc.

Tal fenómeno económico es la expresión de la ley del mínimo esfuerzo, tomando siempre la forma de coacción.

En esta estructura económica el equilibrio entre la oferta y la demanda es la resultante de una lucha; la oferta de un producto no es otra cosa que la exigencia de un precio; todo pasa a ser movido por la necesidad propia y no por la conciencia de las necesidades recíprocas.

Se demuestra su verdadera naturaleza: una estructura, un sistema económico y social perenne de atritos, un equilibrio fatigante entre fuerzas contrarias intentando suprimirse, agravadas por el peso del egoísmo.
No nos podemos olvidar del principio "doy para que me den", donde el egoísmo avanza triunfante, siguiendo la ley del mínimo esfuerzo, en busca de equilibrios nuevos, falsos, mas que conservan siempre su marca originaria, el egoísmo destructor.
El instinto hedonístico de gran porción de la sociedad, en su inconciencia de todos los otros valores sociales, avanza pisando y destruyendo todo, siempre que se realice a sí mismo; fuerza primitiva (instinto), brutal, y principio de destrucción de la sociedad, a la cual se deben infinitas crisis y reveses.

Si miremos bien lo que pasa a nuestro derredor y otras partes. Vemos que los bienes, no siguen el camino de la necesidad; la riqueza es atraída por la riqueza y huye de la pobreza. La psicología hedonística hace que el dinero corra para donde no hay necesidad (véase los impuestos, la asignación de fondos del Gobierno Central a los Distritos y  Municipios), y lo aparta de donde podría suavizar el dolor, proteger la vida (salud, educación, seguridad). Todos se apartan del débil, del vencido, del excluido y, mal una debilidad se manifieste, todo concurre para agravarla, empujando la víctima para el declive de la ruina.

La riqueza del Estado, la distribución de las verbas, difícilmente alcanza su finalidad, que debería ser la de tornarse en un medio de vida y de mejoría, para tornarse, como acontece, un medio de opresión, de corrupción, que absorbe y destruye la vida, en lugar de fecundarla y erguirla.

El siglo, que terminó, olvidó el Espíritu, para crear la ciencia mecánica, materialista, formadora de toda nuestra estructura cultural. No en tanto, las leyes de la vida, adormecidas por milenios, sufrieron un choque repentino, y hoy están de acuerdo para impelernos en dirección a la nueva civilización del tercer milenio.
Tal civilización deberá tener como lema: Ama a tu prójimo como a ti mismo.

Para poder vivenciar la nueva fase que se aproxima, recordemos que la vida es un viaje, y nada más poseemos que nuestras obras.

A toda hora se muere y a toda hora se renace, mas cada cual es siempre hijo de sí mismo. La evolución, señalada por el movimiento del tiempo, no puede parar. De la misma forma, no podemos parar la gran influencia, la gran atracción, que a todo rige: el Amor.

Al nivel de la materia se llama atracción y cohesión; al nivel de la energía, impulso y transmisión; al nivel del espíritu, impulso de vida y ascensión.

Allan Kardec, en "El Libro de los Espíritus", preg. 888-a, nos muestra que todo se renueva cuando el Amor impera: "Amaos unos a los otros, es toda la ley. El amor es la ley de atracción para los seres vivos y organizados, y la atracción es la ley de amor para la materia inorgánica".

En este final y comienzo de milenio estamos siendo llamados para las grandes verdades del espíritu, donde cada ser vibrará y responderá, conforme a su capacidad de vibrar y responder.
La Doctrina de los Espíritus habla a nuestro corazón, a nuestra conciencia exhortándonos a la elevación de nuestra conducta.

Sabemos que los conceptos aquí expuestos se encuentran muy distanciados del mundo hecho de mentiras y de desconfianzas, porque en el corazón de los hombres, y sus sistemas, dominan el egoísmo y la violencia; no el bien, sino el mal.

No obstante, podemos alertar que si no existe un principio ético y moral, coordinador, para organizar la sociedad humana, ella se desagregará en el embate de los egoísmos.

Estamos en una curva de la historia, en la alborada de una civilización nueva.

No se amedrenten los justos y los afligidos, que observan la algarabía humana que acompaña la falsa gloria, la riqueza, el placer, porque, si con eso alguien vence y goza por un momento, las leyes de la vida vigilan,  están atentas…

Los principios éticos y morales puros se corrompen y entonces adquieren valor de mentira, que es el proceso de disgregación de los ideales.

Momentos de dolores y angustias se avecinan en aquellos que de una misión hacen una profesión y ponen el espíritu como base del poder humano; de aquellos que mienten e inducen a la mentira; de aquellos que dando ejemplos de afortunada injusticia, la proponen como norma de vida; de los religiosos y de las religiones que no desempeñaron la función de preservar y salvar los valores espirituales del mundo.

Para terminar repetimos las palabras de aquel que debe ser el modelo para los seres humanos:

"Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados".
"Bienaventurados los que lloran porque serán consolados."


              Rubén Meira
              e-mail: rubensmeira@zaz.com.br


lunes, 25 de junio de 2012

SIMPOSIO INTERUNIVERSITARIO

LAS IMPLICACIONES IDEOLÓGICO-CULTURALES DEL AUGE DE RELIGIOSIDADES NO CONVENCIONALES ENTRE JÓVENES DE PUERTO RICO


Colegio Universitario / Recinto de Carolina / Escuela de Artes Liberales

PONENCIA SOBRE ESPIRITISMO por Dr. Flavio Acarón Ortiz (26/10/2001)

     El 18 de abril de 1857, con la publicación de El Libro de los Espíritus, en París, Allan Kardec empezó a crear una doctrina con el nombre de Espiritismo.
     A pesar de que el cuerpo de esta doctrina que Allan Kardec presentó se asienta sobre una serie de principios que pertenecen al acervo de las experiencias, conocimientos, aspiraciones y esperanzas de la humanidad, su obra, El Libro de los Espíritus, introdujo en el mundo dos aspectos inéditos.
     El primer aspecto es que su contenido doctrinario, filosófico, se formuló a partir de los dictados de Espíritus, (entidades humanas participantes de una realidad extracorpórea), a través de personas sensitivas, los médiums. Esta doctrina es una visión real de los problemas del hombre y del mundo, enfocados por inteligencias temporal­mente desvinculadas de los horizontes corporales, la cual, no obstante, está den­tro de las aspiraciones humanas.
     Además, su trabajo no constituyó una “revelación religiosa que implicase pasividad absoluta o aceptada sin control, sin examen, sin discusión” (La Génesis, Capítulo I, ítem 7). Así, pues, “lo que caracteriza la Revelación Espírita es que su origen pertenece a Dios, la iniciativa a los Espíritus y su elaboración es fruto del trabajo del hombre” (Ídem, ítem 13).
     Esta característica es de importancia fundamental porque el Espiritismo se empeña en probar la existencia de lo sobrenatural, mostrando que los fenómenos del espíritu, el origen de la vida, en fin, el conjunto de las realidades espirituales nada tienen que no pueda explicarse por la ley natural.
   El segundo aspecto, contingente al primero, es que de la interpretación espírita se destaca una generosa gama de conceptos espirituales, que al mismo tiempo que asumen posiciones específicas, combaten el racionalismo materialista y dan consistencia experimental a los argumentos espiritualistas.
   En resumen, coordinando diversas manifestaciones mediúmnicas, Kardec consiguió dar una interpretación dinámica, abarcadora y compatible con las exigencias del pensamiento lógico, a viejos conceptos filosóficos y religiosos, liberándolos de la carga de nebulosidades e irracionalidades con que se revestían. Por eso se dice que el Espiritismo es una revelación; pero, consideramos que el término revelación en el caso de la Doctrina Espírita es una interacción, una cooperación entre los hombres encarnados, representados por Allan Kardec, y los hombres desencarnados, representados por una pléyade de Espíritus de elevada expresión intelectual y moral, bajo el mando del Espíritu de la Verdad, que comprobadamente contribuyen al desenvolvimiento de la humanidad encarnada.

CARACTERÍSTICAS DEL ESPIRITISMO

     Al realizar su trabajo, Allan Kardec removió del Espiritismo toda la connotación mística de la mera creencia e hizo una doctrina equilibradamente racional, basada en el esfuerzo intelectual, en la búsqueda incesante de la verdad; pero sin despreciar el aspecto afectivo que preside al comportamiento humano. Es una estructuración libre de sectarismo que contrapone los dos mundos, el físico y el extrafísico, (cuya existencia se constató experimentalmente) como participantes de la misma realidad, por lo cual no se justifica el miedo ni la excitación que generalmente caracteriza a esa relación ancestral, entre lo que se considera “conocido” y lo “desconocido”.
     El Espiritismo es una propuesta equilibrada entre los extremismos místicos y materialistas. Los trasciende, los supera dialécticamente en una síntesis con la cual propone una visión dinámica del proceso de la vida, que no constituye un cuadro terminado, sino que, por el contrario, solamente ofrece principios básicos como definitivos, permitiendo que el pensamiento y la investigación se amplíen, a través del tiempo, de acuerdo con el crecimiento de la ciencia y del conocimiento. Esto es, el Espiritismo no se aventura a formular hipótesis desvinculadas de las posibilidades del entendimiento humano, porque eso sólo sirve para mantener al hombre ignorante y confundido, exigiendo de él una creencia irracional.
     Lo que Allan Kardec hizo, fue reevaluar y reorganizar principios que, a pesar de estar envueltos en la oscuridad y de que raramente se miran de una manera no supersticiosa, han resistido los cambios constantes a que se tiene sometida a la sociedad. Inspirado por la copiosa información que obtuvo desde el plano extrafísico, dedujo que ya era tiempo de crear una concepción filosófica que, sin el enmarañamiento de las hipótesis especulativas sino sobre una base experimental, pudiera abarcar la lógica racional, capaz de “enfrentar la razón en cualquier época de la humanidad”. Esta concepción se convirtió justificadamente en una síntesis en la que se unen la ciencia, la filosofía y la espiritualidad.

PRINCIPIOS BÁSICOS DEL ESPIRITISMO

I. Existencia de Dios

     Es origen y fin de todo. Causa primera de todas las cosas. La Suprema Perfección con todos los atributos que nuestra imaginación le pueda concebir y mucho más.
     No podemos conocer la naturaleza íntima de Dios porque todavía no hemos alcanzado el grado de evolución necesario.

II. Inmortalidad del Alma

     Antes de ser seres humanos éramos espíritus. El Espíritu es el principio inteligente del Universo. Se inició simple e ignorante, para evolucionar por sus propios esfuerzos.
     Como espíritus ya existíamos antes de nacer y vamos a continuar existiendo después de la muerte física. Cuando el espíritu está viviendo en el cuerpo físico, decimos que es el alma del cuerpo o un espíritu encarnado. Cuando nace decimos que reencarnó. Desencarnado, vuelve al mundo espiritual, de donde vino antes de nacer.
     Los espíritus son por lo tanto personas desencarnadas que al presente están en la Espiritualidad.

III. Reencarnación

     Como evolucionará de su estado simple e ignorante, el espíritu crecerá en su libre albedrío, o sea, en su capacidad de escoger entre el bien y el Mal. Decidiendo y creando así su propio destino. Siendo así tiene capacidad de desarrollarse y evolucionar perfeccionándose, tornándose cada vez mejor, "más perfecto", como un alumno en la escuela, pasando por los diversos grados escolares.
     El espíritu sólo puede alcanzar esa evolución viviendo en el mundo físico, reencarnando cuantas veces fuera necesario para adquirir conocimientos y aprender mediante las experiencias de la vida.
     La Reencarnación, por tanto, permite al espíritu vivir muchas existencias en el mundo, encarnando y desencarnando, adquiriendo nuevas experiencias para tornarse mejor, no sólo intelectualmente mas sobre todo, moralmente.
     Así como el alumno escolar puede repetir el año una o más veces, el espíritu que no aprovecha su existencia puede estacionarse por mucho tiempo retrasando su evolución.
No sabemos cuantas encarnaciones hemos vivido y mucho menos cuántas tenemos por delante.
Sabemos, entretanto, que somos espíritus poco evolucionados, que tendremos muchas encarnaciones hasta alcanzar el desarrollo moral necesario para convertirnos en espíritus puros.
     No todas las encarnaciones, se verifican en la Tierra. Existen mundos inferiores y mundos superiores a este. Cuando evolucionemos mucho podremos renacer en planetas superiores. El Universo es infinito. "Hay muchas moradas en la casa de mi Padre", decía Jesús. La Tierra parece ser un mundo de categoría inferior para quien haya visto el lamentable panorama en que se encuentra la humanidad terrestre. Pero el planeta está destinado a transformarse en una esfera de regeneración cuando comencemos a practicar la fraternidad.

IV. Olvido del Pasado

     No nos acordamos de las vidas pasadas y ello es parte de un Plan Superior. Si nos acordáramos del mal que hicimos y de los sufrimientos que hemos pasado, de los enemigos que nos perjudicaron o de aquellos a quienes perjudicamos, no tendríamos las condiciones más apropiadas para vivir entre ellos actualmente. Nuestros enemigos del pasado pueden ser hoy nuestros hijos. hermanos, padres, amigos, quienes al presente se encuentran junto a nosotros para la reconciliación.
     Por eso es que existe la reencarnación. Hoy estamos, muchas veces, corrigiendo errores practicados contra alguien, sufriendo las consecuencias de los crímenes perpetrados o siendo amparados y auxiliados por aquellos que en el pasado nos perjudicaron. He ahí la importancia de la familia, donde se acostumbra reatar los lazos cortados en existencias anteriores.
     La reencarnación es en esa forma la oportunidad de reparación como también es el escenario apropiado donde dedicamos nuestros esfuerzos por el bien de los demás, apresurando nuestra evolución como espíritus.
     Cuando reencarnamos traemos una planificación de vida y compromisos, contraídos frente a la Espiritualidad, que nos compelen a reparar el mal y a practicar el bien. Dependiendo de nuestras condiciones espirituales, podemos haber escogido las lecciones, sufrimientos y dificultades que proveerán el desarrollo de mayor capacidad espiritual.
     La finalidad de la vida en la Tierra es, por tanto:
    1) para expiar el mal practicado, sufriendo las consecuencias de los crímenes cometidos;
    2) para medir, establecer y consolidar la capacidad ya adquirida como espíritus, pasando por dificultades que se manifiestan en sufrimientos físicos y morales;
    3) para trabajar en beneficio de la humanidad, tornándonos en fuentes del bien activo e influir sobre la capacitación de los demás;
   4) para desempeñar una misión como en el caso de los espíritus ya elevados, que traen al mundo grandes beneficios.

V. Comunicabilidad de los Espíritus

     Los espíritus son seres humanos que desencarnaron. Son lo que eran cuando vivían con el traje físico: buenos o malos, serios o charlatanes, trabajadores o haraganes, cultos o mediocres, honrados o mentirosos.
     Ellos están por todas partes. No están ociosos. Por el contrario, están ocupados, como nosotros en este mundo también lo estamos.
     No parece haber un solo lugar determinado para todos los espíritus. Generalmente los espíritus más imperfectos permanecen con nosotros. No los vemos puesto que se encuentran en otra dimensión pero ellos pueden vernos y hasta conocen nuestros pensamientos.
     Los espíritus actúan sobre nosotros pero esa acción está casi restringida al pensamiento porque los espíritus no consiguen actuar sobre la materia. Para eso les es preciso el concurso de un médium: una persona dotada de una facultad de comunicación con el plano espiritual.
     El espíritu se comunica a través del médium si puede y si quiere. Esa comunicación depende del tipo de mediumnidad que esa persona tenga, esta puede ser por el habla, por la escritura, etc. Pero toda comunicación precisa ser evaluada con reserva, examinada con cuidado, para no ser víctimas de los espíritus engañadores. La comunicación depende mucho de la conducta moral del médium.
     Un médium que no sea moralmente idóneo no podrá recibir comunicaciones de espíritus superiores.
     El Espiritismo alerta a las personas demasiado crédulas contra las comunicaciones falsas, que si fuesen aceptadas podrían causarles perjuicios. Por eso es importante que antes de oír una comunicación la persona se esclarezca muy bien respecto al conocimiento Espírita.

VI. Fe Razonada

     Para poder creer en la verdad precisamos, antes que nada, comprender aquello en lo cual debemos creer. La creencia sin el raciocinio es una creencia ciega, o una superstición. Antes de aceptar una cosa es necesario analizarla bien. El mal de muchos es creer en todo lo que le dicen sin examinarlo cuidadosamente.
     La fe razonada es uno de los principios básicos de la Doctrina Espírita. Por eso el Espiritismo no quiere adeptos que no piensen; que no argumenten. Interesa seguidores seguros de aquello que creen, personas que lean, que estudien, que cuestionen. Dios nos dio inteligencia para usarla en cosas buenas, y lo que llaman “religión verdadera" sería una mucho mejor si fuese encarada no con espíritu místico o de total aceptación, sino con dedicado examen y cuidadoso análisis, para esclarecernos y comprender los planes de la obra de Dios.
    "La Fe inquebrantable es aquella que puede encararse a la razón, frente a frente, en todas las épocas de la humanidad", decía Allan Kardec.
     Mucha gente no tiene oportunidad de una educación; muchos nunca fueron orientados hacía el bien, otros mueren muy temprano, antes de aprender respecto a los mejores caminos a seguir.
    Para evaluar lo absurdo de la idea del cielo y el infierno formulemos dos preguntas:
—¿Cómo es que Dios, que todo lo sabe, el futuro inclusive, crearía a su hijo sabiendo que éste irá a parar al infierno?
—¿En qué condiciones quedaría una abnegada y amorosa madre, sabiendo que su hijo querido está ardiendo en el infierno?

VII. Ley de Evolución

     Cada uno de nosotros es un espíritu encarnado dirigido a Ias alturas infinitas donde el pensamiento de Dios no se contamina con el humano. La vida en Ia Tierra es siempre una oportunidad más de reajuste en el camino hacia el bien. La siembra es nuestra, luego Ias consecuencias, buenas o malas, son el resultado de nuestras propias decisiones.
     Si hoy sufrimos podemos concluir que la causa puede estar en existencias anteriores, pero el sufrimiento puede ser agravado o suavizado en esta encarnación.
    "A cada cual según sus obras", decía Jesús.
     Si hoy sembramos mañana cosecharemos. Ello explica la razón de tanto sufrimiento en el mundo.
     Por eso unos avanzan más de prisa que otros, al igual que los alumnos de una escuela. Cuanto mejor nuestra forma de ser, más aprisa nos liberamos del sufrimiento, acelerando el camino de la evolución.
     No hay cielo ni infierno como pintan las religiones tradicionales. Existen estados del alma que podrían ser descritos como celestiales o infernales. Si el destino del ser humano fuese inalterablemente sellado después de esta vida, todos estaríamos perdidos, porque, honradamente, todos somos mucho más malos que buenos. Una sola existencia, por larga que sea, es demasiado corta

VIII. Ley Moral

     Nadie está perdido. Cada cual tiene las oportunidades que le convienen. Si un padre humano, malo e imperfecto, no es capaz de condenar eternamente a un hijo por peor que este sea, ¿cómo es que Dios que es el Padre Misericordioso y Perfecto, que hace llover para buenos y malos, que hace que el sol ilumine a los injustos y a los justos, podría hacerlo?
     "Nadie podrá ver el Reino de los Cielos si no naciera de nuevo", decía Jesús.
      Se refería al nacimiento por el agua y por el espíritu, o sea, el nacimiento en el cuerpo físico y al renacimiento moral del espíritu.
      De ahí concluimos que la vida es siempre una nueva oportunidad de reconciliación con los ideales del bien y de la verdad.
     No adelanta a nadie el decir que se pertenece, a una u otra de las religiones. No se adelanta solamente con orar, hablar de Dios, predicar lindos sermones. Lo que importa es la práctica, es la vida de todos los demás, de todos los momentos:
  —¿Cómo trata usted a sus familiares: a su padre, madre, hermanos, marido, esposa e hijos?
  —¿Cómo recibe a alguien que precisa de usted?
  —¿Cómo es usted en el trabajo, en la escuela, en el club, en la vía pública?
  —¿Cómo reacciona usted a una ofensa, a un gesto de agresión, a una calumnia, a una ingratitud, a una decepción?
  —¿Cómo reacciona usted a un sufrimiento en casa, a la pérdida de un ente querido, a una dolencia incurable?
    "Amaos los unos a los otros", decía Jesús.
     No hay otra manera de amar si no a través de la caridad. Caridad es ser benevolente, paciente, tolerante, humilde. Es hacer a los otros aquello que deseamos que nos hagan. Esta es la verdadera lucha por un mundo mejor y por una humanidad más feliz.
     Podemos hacer eso cuidando mejor de nuestras actitudes, vigilando nuestro comportamiento,  siendo más gentiles, observando en los otros sus buenas cualidades en lugar de sus defectos, y siendo más exigentes con nuestras propias imperfecciones.
     Ayudar al pobre, socorrer al desesperado, asistir al enfermo, orientar al desajustado, llevar la palabra de esperanza al afligido, divulgar las enseñanzas espirituales; eso y mucho más que eso, constituyen las bases del amor verdadero, ejemplarizado hace dos mil años.
     "Fuera de la caridad no hay salvación", decía Kardec.
      Si esta lectura ha provocado en usted nuevas dudas y muchas preguntas es buena señal, puesto que usted está preocupándose por las explicaciones de la vida.

lunes, 7 de mayo de 2012

LA BIOÉTICA Y EL PARADIGMA ESPÍRITA


     El progreso científico nos hace creer que estamos rompiendo las fronteras de lo imposible y la osadía de los científicos parece atropellar la ficción y provocar una rotura en el mito de la creación. A cada nuevo descubrimiento que nos sorprende nos da la impresión de que estamos yendo muy lejos y el sistema de frenos parece fuera de control. Cada descubrimiento, no obstante, revela la paradoja que expone con más énfasis nuestras contradicciones: lo que pasamos a saber demuestra con más más fuerza lo que aún no sabemos.
     Identificamos las sub-partículas de la materia, su equivalencia con la energía y disecamos un eje de luz en ondas y en “cuantas” de energía. Desconocemos, sin embargo, cual es la esencia de la energía, de dónde proviene la materia que nos impresiona y no tenemos aún una noción bastante segura de los fundamentos del Universo.
     Disecamos la célula, recombinamos su química, interpretamos su código reproductor y osamos alterar el abecedario genético. Podemos hacer copias de cualquier forma de vida y darle apariencias o aptitudes previamente escogidas. Desconocemos sin embargo cual es la esencia que produce la vida y de donde proviene esta fuerza que da vida a las células. No tenemos, tampoco, una noción muy segura de los fundamentos que nos apuntan hacia el origen de la vida.
     Los aparatos de ultra-sonido nos permiten “ver” el feto dentro del útero en tres dimensiones.      Podemos identificar sus defectos estructurales confirmando precozmente la existencia de malformaciones fetales. La biopsia de las células de la cavidad amniótica dentro del útero nos da un registro de identidad de la criatura mucho antes de esta nacer. Así, los padres y el médico tienen la posibilidad de decidir si continuar o no la gestación de una criatura que se presentará con parálisis o retraso por toda la vida. Precisamos saber, no obstante, si interrumpir esta vida no significa perturbar el desarrollo de otra vida que trasciende las expresiones de la materia, para la cual, la deformación física forme parte de sus necesidades. No hay cómo formularnos esta pregunta para esta criatura antes que ella venga al mundo, mas sabemos que las que están entre nosotros, cuando tratan de caminar, retorciendo sus manos cuando tratan de escribir o "masticando" las palabras cuando quieren hablar, estas, aún así, quieren vivir, y, si posible, de manos dadas con sus madres.
     Los medios de cultura, los microscopios y los delicados instrumentos de manipulación de las células nos permiten tratar con el óvulo y el espermatozoide con la misma facilidad con que Mendel combinó las flores y los guisantes de su jardín. Los colores de las guisantes y de las flores pueden variar con la misma facilidad con que podemos escoger el sexo, el color de la piel y el color de los ojos para nuestras hijos. Estos hijos, empero, no traen consigo, la certeza de la felicidad, del respeto a la vida o la obediencia a los padres porque estos apenas pueden proporcionar el material genético que la reproducción asistida facilitó. Precisamos aclarar s antecediendo la forma física no existe un ser transcendente cuyas cualidades y aptitudes nos son completamente desconocidas.
      El equipo médico de respiración asistida prolonga la vida de millares de pacientes que la UTI intenta salvar. Los trasplantes de órganos dan al paciente la oportunidad de un renacer en la jornada de la vida. Los inmunosupresores controlan el rechazo en los transplantes y reducen las respuestas no deseadas en innumerables dolencias en que la inmunología está esclareciendo la causa. Aplicaciones que tocan directamente el sistema nervioso están controlando dolores terribles que incomodan los pacientes con cáncer. Estos progresos todos, aún así, no conseguirán nunca solucionar el dilema de la muerte y del sufrimiento que a veces la antecede. Por otro lado, estos recursos que alivian y prolongan la vida, pueden, con la misma competencia, ser puestos a disposición para decidir la fecha de la muerte o la interrupción del sufrimiento. El recurso de la tecnología pone la toga de juez al médico que no sabe ver el sentido purificador de Almas cuando el dolor se torna crónico o incontrolable. Precisamos saber si aliviar el sufrimiento físico no precipita un compromiso mayor o si compromete un rescate que estaremos posponiendo.
     El hombre está acostumbrado a usar su inteligencia para fragmentar sus problemas y con esto poder dominarlos. Hoy, la extensión de nuestro conocimiento nos permite percibir que esta separación “reduce lo complejo del mundo en fragmentos inconexos”, fracciona un problema específico mas crea un dilema gigantesco por la repercusión en el todo. Este modelo de fragmentación y la competencia tecnológica que proporcionó, no son suficientes para resolver las contradicciones de nuestro mundo interior. Hemos de revisar nuestras posiciones éticas con argumentos que extrapolen los límites y el alcance de la Ciencia. Principalmente, por que nos falta responder aquellas preguntas esenciales que esclarezcan quienes somos, de donde venimos y hacia donde vamos. En los días de hoy estos dilemas nos parecen ser inevitables.
     Los dilemas de la ética de hoy nos empujan precipitadamente hacia el aborto que descarta el niño malformado; la eutanasia que acelera la muerte suponiendo alivio del sufrimiento; la gestación de crianzas sin vínculo afectivo con los padres; la manipulación genética que podrá escoger la apariencia física; la vida psico-social del organismo completo, en contraposición a la vida biológica de media docena de células embrionarias fertilizadas en laboratorio. Parece que no nos damos cuenta de que estamos estirando o cortando el hilo de la “tela de la vida”.
     En 1857 Allan Kardec codificó una Doctrina de bases científicas, filosóficas y morales. Entre sus principios se afirma que la fe ha de someterse al criterio de racionalidad. Sus enunciados científicos no se subordinan a las amarras de una ciencia que sólo consigue ver el mundo material que impresiona nuestros limitados sentidos. Sus verdades están sujetas al progreso humano que la misma Ciencia tiende a promover.
     Su contenido fue proporcionado por Espíritus que acompañan y promueven el desarrollo de la Humanidad. Ellos afirmaron que somos todos Almas inmortales que ocupamos provisoriamente un cuerpo físico que nos permite vivir experiencias que, de simples e ignorantes, nos tornarán sabios y puros de corazón. Este proceso de evolución se define en una serie interminable de reencarnaciones que se procesan en la Tierra y en otros planos de la creación divina.
Esta Doctrina nos revela que el aborto destruye la vida biológica e impide la reencarnación del espíritu que habita ese cuerpo desde la fecundación, comprometiendo su evolución espiritual.
     La eutanasia pospone la redención y la reparación de débitos contraídos por el espíritu, cuyo cuerpo sufre para posibilitarlas. Esto no significa evitar medios de aliviar el dolor o el sufrimiento, sino impedir que se utilice la muerte como recurso terapéutico.
     Cada uno recibe, al reencarnar, el cuerpo más adecuado a sus necesidades espirituales. La manipulación genética dirigida a obtener los beneficios y las dificultades que este cuerpo venga a manifestar, son establecidas por entidades espirituales que velan por nuestro progreso. La evolución del conocimiento humano posibilitará que el médico-científico participe y favorezca nuestras posibilidades físicas, mas, jamás nos librará de los compromisos palingenésicos que nuestros débitos pretéritos imponen como cuenta a pagar en nuestro propio beneficio.
     Nuestra vinculación familiar ya estuvo ligada al sobrenombre o a los títulos de nobleza. Hoy, está determinada por los lazos matrimoniales o por la paternidad reconocida en el DNA. Las técnicas de reproducción están desmontando todos estos vínculos físicos, carnales, mas no conseguirán deshacernos de los compromisos que dejamos de cumplir delante de hermanos de otras vidas, que más temprano o más tarde, se cruzarán en nuestro camino, atraídos por la vibración que las ataduras de la culpa o los lazos de amor nos impulsaren.
      Enseñan los Espíritus que la reencarnación tiene inicio en el momento de la fecundación a través de procesos complejos que exigen la “regresión” del cuerpo espiritual del reencarnante, la ordenación del patrimonio genético que este recibirá y la conjunción de fuerzas de atracción ejercidas por los futuros padres. Esos Instructores espirituales nos anticiparon que la fecundación y el desarrollo del embrión puede ocurrir sin la presencia de un espíritu asumiendo este cuerpo. Este hecho nos permite imaginar que la fecundación en laboratorio ocurre desprovista de un espíritu en sus células y la gravidez sólo tendrá éxito cuando a conjunción de diversos factores ligados a la participación de un espíritu y la conjunción de vibraciones de los padres promuevan la sintonía de esta unión.
     Cuando Allan Kardec preguntó a los Espíritus cual era nuestro mayor derecho, le respondieron: el derecho de vivir. La vida es la mayor expresión de la creación de Dios. Aún no tenemos alcance suficiente para comprender la extensión de la creación divina que expresa vida en todo lo que existe. Los Espíritus, sin embargo, enseñaron que el principio inteligente deberá recorrer toda la jornada de evolución, desde el átomo al arcángel.

* * *

     Nubor Orlando Facure, CRM-SP 11789, es director del Instituto del Cerebro de Campiñas, y ex-profesor titular de neurocirugía de la UNICAMP. Diversos de sus textos en la interface ciencia-espiritismo, así como referencias a sus publicaciones recientes en esa área se encuentran en el sitehttp://www.geocities.com/nubor_facure/

sábado, 7 de abril de 2012

POR EFECTO DE LA CORROSIÓN MORAL

Es por lo menos excepcional, lo que ha ocurrido recientemente, cuando el capitán Francesco Schettino, comandante de la nave Costa Concordia, naufragado entre los rocas de la isla de Giglio, Italia, dejó abandonadas cuatro mil vidas a bordo. La intervención imperativa del Capitán Gregorio de Falco, de la Capitanía de los Puertos de Livorno, culminó por hacer de Falco un héroe nacional y ciertamente debe estar golpeando la conciencia del cobarde Schettino.

Sin embargo, Falco cumplió simplemente con su deber. Por eso, Raffaela, su esposa, abdicó el título de “Héroe” del esposo. Por serle preocupante que personas como su marido, que simplemente cumplen con su deber todos los días, se tornen de súbito en héroes en ese país.

No debemos reivindicar pedestales en los panteones terrenos por ejecutar bien aquello que es nuestra obligación hacer. ¿Qué podríamos esperar de los médicos servidores de los hospitales públicos si no otra cosa que estén en sus puestos y traten a los pacientes con dignidad? De los funcionarios públicos, se espera que no sean corruptos en sus funciones. De los senadores, diputados, concejales, gobernadores, alcaldes, que trabajen en nombre de la población.

Según las estadísticas oficiales, Brasil es uno de los países mundialmente campeón en corrupción, haciendo asociación a determinados y diminutos países africanos. ¿Qué tipo de cabeza descome-dida y estúpida está en la base de la deficiencia de carácter capaz de olvidar todos los escrúpulos para con la conciencia y arrojándose con tanto acierto en la tesorería del Estado? Urge sacralizar el bien público, pues todos nosotros somos responsables por el. Si así lo hiciéramos, no hay por qué alarmarnos. “Asombroso, como dice Raffaella, es llegar al punto de tratar lo correcto como excep-cional, como si la regla prevaricar, omitir, corromper, no hacer.”

Es urgente la invalidación del padrón de la improbidad. Es imperiosa la quiebra de valores invertidos, con el baño de ética, con la recuperación de la honestidad. No solo con los hombres públicos, porque la corrupción es una calle de único sentido. Quien se corrompe no se pervierte solo, sino a través de alguien. Son muchos los caminos que están muy contaminados en todos lugares, en los partidos políticos, en la sociedad como un todo, que precisan, verdaderamente, ser desemba­razados o recuperados.

La filosofía al "estilo brasileño”, o llevar ventaja con respecto de todo y de todos, se irrumpe como un designio institucionalizado, que se potencializa y se generaliza en el contexto de la organización social. No soy el primero, el único o el último en divulgar ese cortejo de vicios, con todo la prensa, frecuentemente, anuncia y expone tales hechos, francamente abominables y con gran repercusión negativa.

Con los escándalos divulgados por la prensa, se constata un giro cada vez mayor e inquietante de la administración pública con las actividades delictuosas, mediante un sistemático proceso de presiones, chantajes, tráfico de influencias, intimidaciones, corrupciones, con la práctica del soborno y de la propina, entre otras tramoyas morales insondables.

Hay descomposición moral en la política, en la policía, en la justicia, en la administración pública, en la educación, en las diversiones públicas, en la familia, en la economía, en el ámbito del “Derecho”, en los medicamentos, en los discursos/argumentos seudo científicos, en las instituciones religiosas. Si quisiéramos vivir un escenario social armónico, debemos empeñarnos para promover una refor-ma ética generalizada. Es imprescindible la adopción de nuevos hábitos. Basta procurar llevar ven-taja, dar un “hazte a un lado” en las mentiras, en los fraudes y en la evasión de impuestos. Que se establezcan los valores de la Ética Socia Espírita y que se revitalice el mundo de la honestidad.
“La violencia urbana es reflejo natural de los que administran los gabinetes lujosos y desvían los va-lores que pertenecen al pueblo; la impunidad ensombrece la Justicia e instiga nuevos desmanes. La masa, en general, se esparce en los personajes eminentes de la vida pública y procura, en las reso-nancias en el comportamiento de estos, a las propias justificativas para sus deslices deliberados.

En la condición de estudiosos de la Ciencia Espírita sabemos que, para la concepción de una “República Ética”, será necesaria una renovación mental y comportamental, ya en curso por fuerza de las circunstancias, más que puede ser acelerada por la diseminación de los saberes que valorizan la honestidad, la dignidad de la vida humana, la naturaleza y principalmente nuestra realidad espiritual.En cuanto a los pervertidos morales, solo carecen de inspirar nuestra más intensa conmiseración. Ciertamente no tienen plena conciencia del equívoco que cometen. Si supiesen de las consecuencias, aunque con la oportunidad de escapar de la justicia terrena (obviamente no tendrán análoga suerte en analogía a la Justicia divina) actuarán de forma inversa. Hasta porque, invariablemente, en la actual o en la próxima encarnación, y notadamente en el intervalo entre las existencias físicas, (erraticidad), enfrentarán las arduas consecuencias de sus actos delincuentes.

Jorge Hessen
http://jorgehessen.net